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  1. Videojuegos y cerebro

    Enviado el 12-05-2018

    ¿El efecto en el cerebro de jugar a videojuegos es positivo o negativo? ¿Será tan malo como dicen algunas personas? ¿Tendrá en realidad algún beneficio?

    Las ventas de videojuegos siguen aumentando año tras año. Millones de personas se divierten con videojuegos cada día, siendo el jugador promedio un adulto de más de 30 años de edad.

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    Un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Oberta de Cataluña y del Hospital General de Massachusetts de Boston en 2017, halló que jugar a videojuegos no sólo modifica el funcionamiento de nuestro cerebro, sino también su estructura, ya que se dan cambios significativos en muchas regiones de éste.

    Jugar a videojuegos mejora la atención sostenida y la selectiva, además, aumenta el tamaño del cerebro, así como el desempeño de partes del cerebro responsables de las habilidades visoespaciales. Además, el uso controlado de videojuegos aumenta la memoria visual. Por ejemplo, se ha comprobado que el hipocampo derecho se agranda tanto en jugadores de larga duración, como en voluntarios a quienes se les pidió jugar durante una semana.

    Diversas investigaciones, afirman que los videojuegos nos obligan a explotar todo el potencial de nuestros ojos y la forma en que éstos se comunican con el cerebro, además de agilizar nuestra capacidad de reacción de las manos (Cabeza, 2016). No obstante, un uso excesivo puede provocar picor, ojos rojos, fatiga y dolores de cabeza según diferentes estudios de diversos Colegios de Ópticos.

    Por otro lado, los videojuegos usados adecuadamente también pueden ser muy útiles para revertir parte del deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.

    Sin embargo, cuando se trata de videojuegos no todo es positivo:

    En primer lugar, los videojuegos pueden causar la modificación del sistema de recompensa del cerebro que bombea dopamina, hormona responsable del placer, lo que podría desencadenar que los jugadores se conviertan en auténticos adictos.

    Las personas adictas a los videojuegos pueden llegar a generar algunas afecciones tales como la epilepsiahidradenitis palmar y cefalea (Mendo, 2017).

    Además, se ha evidenciado una tendencia a un aumento en los niveles de testosterona en los jugadores que ganan un juego o videojuego en comparación con los que pierden (Beaven, Ingram, Gill & Hopkins, 2010). Este hallazgo no es tan evidente en la hormona cortisol (Hébert, Beland, Dionne-Fournelle, Crête & Lupien, 2005). Se sabe que tanto la testosterona como el cortisol juegan un papel importante en la adaptación del organismo, sin embargo, una elevada exposición crónica a ambas, posee efectos negativos en el organismo, como son depresiónansiedad, aumento de flucosa sanguínea, reducción de actividad inmunológica y pérdida de memoria(Chacón Araya & Moncada Jiménez, 2017).

    También  provocan la pérdida de contacto con la realidad social, emocional y familiar.

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    En niños de edad preescolar se ha observado que el uso de videojuegos no les permite desarrollar importantes destrezas sociales debido a que no les estimula a tener interacciones significativas con otros niños (Bacigalupa, 2005).

    También hay diferencias significativas, según la temática o contenido del videojuego. Un estudio demuestra que los juegos violentos provocan una menor actividad del lóbulo frontal inferior izquierdo y la corteza cingulada anterior, regiones implicadas con el control de las emociones y con el comportamiento agresivo. Tras una semana, el análisis de esas mismas personas sin jugar mostró una cierta recuperación de la activación de estas regiones cerebrales, no obstante los investigadores hablan de secuelas a largo plazo (Sánchez Monge, 2011).

    Aquellos que se molestan con facilidad, se preocupan poco por los demás, se deprimen con frecuencia, tienden a ser neuróticos, rompen usualmente las reglas o suelen actuar sin pensar, son los más propensos a verse afectados negativamente por videojuegos violentos (De la Nuez, 2017).

    En conclusión, los efectos de los videojuegos pueden ser beneficiosos siempre que se haga un uso responsable de los mismos, adecuando tanto el tiempo que se emplea como la temática del mismo.

    En nuestro Centro Sanitario Ambulatorio Casa Blanca (ALUCOD) tratamos el abuso o adicción a las nuevas tecnologías para que éstas no nos perjudiquen; si crees que tanto usted, como una persona cercana, puede estar sufriendo éste problema no dudes en contactar con nosotros.

     

    Bibliografía

    Bacigalupa, C. (2005). The use of video games by kindergartners in a family child care setting. Early Childhood Education Journal, 33(1), 25-30

    Beaven, C. M., Ingram, J. R., Gill, N. D., & Hopkins, W. G. (2010). Ultradian rhythmicity and induced changes in salivary testosterone. European Journal of Applied Physiology, 110(2), 405-143.

    Cabeza, D. (2016). Adicción a los videojuegos. Ciencia y tecnología.

    Chacón Araya, Y., & Moncada Jiménez, J. (2017). El efecto de los videojuegos en variables sociales, psicológicas y fisiológicas en niños y adolescentes. Retos. Nuevas tendencias en Educación Física, Deporte y Recreación, 43 – 49.

    De la Nuez, D. (2017). Los efectos de los videojuegos en el cerebro según los científicos. Vix.

    Hébert, S., Béland, R., Dionne-Fournelle, O., Crête, M., & Lupien, S. J. (2005).   Physiological stress response to video-game playing: The contribution of built-in music. Life Sciences, 76, 2371-2380.

    Mendo, G. (2017). ¿Cómo afectan los videojuegos del cerebro humano? okdiario.

    Palaus, M., Marron, E., Viejo Sobera, R., & Redolar Ripoll, D. (2017). Neural Basic of Video Gaming: A Sistematic Review. Frontiers in Human Neuroscience.

     

    Sánchez Monge, M. (2011). El impacto cerebral de los videojuegos. El Mundo, 53 – 54.